viernes, 28 de noviembre de 2014

Caminando entre la opulencia

Tengo únicamente una hija hasta el momento: Cori. Es mi hija perruna. Nosotros siempre la sacamos sin correa, pues hay bastante llanos de tierra por aquí donde ella puede correr cuan gacela desfogada.
Es una Lassie (Rough Collie sería el término correcto) y aunque podamos tener la imagen idílica de aquel perro obediente y más listo que el hambre que salía en la mítica película, la realidad es que, al menos esta, es juguetona, graciosa, quisquillosa, teatrera, victimita, obediente cuando le conviene y comilona si no la detienes. En definitiva... ¡Es genial! Noble, querible, cariñosa... la caña de España. Ya puedes estar 2 horas tirándole la pelota que te la va a seguir trayendo. Incansable pues su fisionomía es bastante parecida a la de un galgo.

El otro día mi pareja sacó a Cori. Resulta que la perra al correr se cortó la almohadilla. Sangró considerablemente así que la subimos al piso, no sin antes dejar un rastro de sangre que ni "Kunta Kinte". Tras mojarle y limpiarle la "pezuñaka", por fin dejó de sangrar a borbotones y pudimos ponerle una gasa y una venda y aquello paró.
Unos días más tarde me dijo una vecina que por aquella zona unos "niñatos" se suelen poner a beberse litros de cerveza, y cuando acaban los estampan contra la tierra (me refiero a las litronas... la próxima habrá más suerte).
Añadió que ciertos vecinos ya habían recriminado la actitud a este grupo, llegándose a producir acaloradas discusiones a las cuales, el hecho de que en la zona donde rompen las botellas está lindando con un colegio público y por tanto hay riesgo de que los cristales caigan dentro, no hizo más que añadir leña al fuego.
Bueno... fuego, fuego... dejémoslo en fueguecillo, porque aparte de palabras, ninguna llamada a la policía ni acción legal (o al menos eso es lo que me cuentan).

El caso es que me ha tocado sacarla con correa unos días, puesto que si la sacaba sin correa se ponía a correr como una loca y la herida se le volvía a abrir.
Una horita más o menos la he estado sacando en cada paseo y esta noche me he adentrado en un barrio en el que ya había pasado alguna vez pero sin reparar bien del todo en las casas pues iba con el coche, deprisa y corriendo al trabajo y con la mirada monopolizada por GPS-carretera-GPS-batería del móvil.

Pues vaya con el barrio... ¡Joder! Cualquier casa de las que había allí era de grande como 3 bloques en los que yo vivo.
Arbolitos preciosos everywhere, otoñales, con sus hojas ya a estas alturas caídas. Vas andando, oliendo a hoja en descomposición (personalmente me gusta ese olor), miras a la derecha, miras a la izquierda, vuelves a mirar a la derecha, te partes el cuello un poco... pero vuelves a mirar a la izquierda.
Vaya casas. Qué lujazo. Qué mansiones. ¿Los coches? Los aparcados en la calle supongo que los utilizarán para ir a la compra o llevar a los niños al colegio. Los buenos están reposando en los garajes tamaño mi piso que tienen dentro.

No me daban envidia, la verdad. Nunca he pasado de ser un mileurista, pero aun así, no me daban envidia esas casas (si te digo la verdad, me daba dolor de espalda sólo imaginarme limpiándola, aunque lógicamente tendrán asistenta, nany, mayordomo, tarotista, y lo que quieran).
Disfruté viendo esas casas tan bonitas algunas y tan extrañas otras, esa decoración tan inusual... muy bonito todo.
Hasta que pasé por un bar.

De repente oí risas - Jajajajaja.
Alcé la vista y vi a un grupo de unas 10 personas sentadas en una terraza de un bar.
Me fijé en sus formas de vestir, sus peinados y su manera de hablar. Me pareció que eran malas personas.
Sí, lo sé. ¿Por qué me cayeron tan mal? ¿Fueron sus ropas? ¿Su forma de reír? ¿Mi cerebro, él solito, asoció que esos afortunados vivían en esas casazas y me entró un ataque de envidia?
Pues no tengo ni idea, pero yo me fui de allí pensando que eran unos vividores antiéticos. Unos injustos e insolidarios vividores. De hecho, su risa me parecía risa de malo de la peli, como un "MUAA HAHAHAHAHA" tipo señor Burns.

Ahora me pregunto: ¿Será esto lo que le pase al que está rebuscando la basura cuando paso por su lado? ¿O al que está en la puerta de Mercadona pidiendo? ¿El que todos los días me viene a vender pañuelos o hace malabarismos en los semáforos?


Seguí andando y de nuevo rondaba la pregunta: ¿Por qué me había pasado eso? ¿Por qué ese sentimiento? No suelo ser de prejuzgar a las personas, ni por vestimentas ya sean pijas,hippies,rockeras,raperas o lo que sea. Tampoco soy ni mucho menos una persona irritable que lo odie todo y a todos. Todo lo contrario. Por eso me llamó la antención. Me llamó la atención cómo de un simple vistazo a un grupo de personas, podía haberme indignado tantísimo sin ni si quiera tener idea de quiénes eran, cómo eran, etc. Tal vez hubieran influido otras circunstancias anímicas o emocionales de aquel día.

Seguí andando y... llegué al fin del mundo.

Seguí andando y pensé que para que uno pudiera tener una pedazo de mansión de ese calibre, tenía que ganar mucha pasta.
¿A qué se dedicarían estas personas? ¿Tendrían todos unos estudios super cualificados? ¿Médicos, ingenieros de ingenierías que ni sabía que existían? ¿Directivos, ejecutivos, futbolistas...?

Y como 10 pasos más adelante, me dije: - Porque... aquí vivirán tipos así no? ¿¡No serán unos chorizakos!? ¿Y si a los que he visto en el bar los he odiado/envidiado porque, dado que el corrupto y el mangante ha sido el que ha ido montado en el dóllar de un tiempo a esta parte (esperemos que sólo a esta parte y que en adelante al menos ya no siga siendo tan clamoroso), ya creo que cualquiera que se encuentre en una buena situación económica está así por que ha sido alguna de estas dos cosas? Desde luego, estaría cayendo en un gran error si pensara así, pero podría aclarar aquella irracional actitud.

Bueno al fin y al cabo -me decía cuando ya quedaba poco para abandonar aquel barrio- no somos tan distintos los que vivimos 1 km. más arriba, en el barrio obrero, que los que viven 1 km. más abajo, en el barrio pudiente (coño y tan pudiente).
Quiero decir, ellos tienen que seguir yendo a trabajar ¿8 horas? Más, menos, no lo sé. Pero siguen del mismo modo teniendo que coger el coche, tragarse un atasco, vestir como la empresa mande, aguantar a gilip**as en el trabajo, teniendo más o menos el mismo tiempo libre, más o menos las mismas (en esencia) formas de ocio, las mismas preocupaciones existenciales ante la vida, la misma posibilidad de morirse mañana, etc.



De esta manera en que tenemos la vida organizada (en que aceptamos que se nos organice) no dejamos de ser como hamsters en sus jaulas. Siempre haciendo más o menos lo mismo, en unas jaulas a veces más pequeñas a veces más grandes, pero casi siempre vamos a los mismos rincones de ésta a correr en la rueda (a hacer las mismas cosas).
Algunos hamsters tienen dueños que le ponen jaulas más bonitas, le echan un pienso más caro, le echan serrín, se lo cambian cada poco, le compran accesorios, camas, juguetes, ruedas, laberintos, bañeras, lo sacan de la jaula de vez en cuando... Otros, tienen dueños que no se preocupan mucho por ellos; les echan siempre comida barata o las sobras, arena con un poco de algodón para la cama, pasan los días y no lo sacan de la jaula...


Hamsters. Algunos más elegantes, otras más humildes, pero todos con dueño.

¿Tenemos nosotros todos un dueño? ¿Tenemos cada uno de nosotros dueños distintos? ¿Tenemos unos pocos dueños en común?
¿Quién es tu dueño? ¿Tu dueño es tu jefe? ¿Es el jefe de tu jefe? ¿Son tus dueñas las facturas? ¿La hipoteca? ¿Es tu dueño el paro y la imposibilidad de obtener mejores trabajos? ¿Es tu dueño la actual jornada laboral de 40 horas y el salario mínimo profesional? ¿Es tu dueño el gobierno, que permite, apoya y aboga por este tipo de organización de esta extensísima aldea que "responde" al nombre de España?

¿Eres tu dueño tú?



La constitución pone algo que viene a decir que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos y no se qué pamplinas más.
Opino que todos tenemos los derechos, igualdades y obligaciones que nuestros bolsillos nos permitan tener, cuando debería ser que todos tenemos los derechos, igualdades y obligaciones que, actualizándolo casi mensualmente, nos tenemos que dar.


... En fin... Voy a comprar un décimo de lotería.

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